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Viernes, 25 May 2018

GRANDES MAESTROS: SERGIO CASTILLO

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Quiero decirle a los jóvenes artistas que después de más de cuarenta años en esta profesión, que no te da ninguna seguridad, viviendo gran parte de este tiempo “al filo de la navaja” y solamente de la venta de mis trabajos, que ser escultor me ha dado más gustos que disgustos, creo que si se me ofreciera vivir otra vida la aceptaría solo con la condición de volver a ser ESCULTOR.”


Sergio Castillo, 1997


Sergio Castillo nació en Santiago el 13 de mayo de 1925 y murió en la misma ciudad el 19 de agosto de 2010. En 1948 ingresó a la Ecole de Beaux Arts y a la Academia Jullian de París, donde estudió pintura y dibujo. A su regreso a Chile, en 1954, se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, teniendo entre sus profesores a los escultores Julio Antonio Vásquez y Marta Colvin.


En 1967 fue nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, comenzando una importante labor docente que le valió la obtención de la beca Fullbright en 1968, para desempeñarse como profesor visitante en la Universidad de Berkeley (California, Estados Unidos). A esta época pertenecen obras monumentales que ejecutó en las ciudades de Boston y en Sausalito, California.


Recibió numerosos premios y distinciones a lo largo de su carrera, contándose entre los más importantes su nombramiento como Miembro de Número de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile, en 1995, y el Premio Nacional de Arte, en 1997.


Castillo pertenece a esos pocos privilegiados que nacen con el don de la creatividad.


En su camino se le cruzó ese maravilloso metal llamado fierro o hierro o acero. Fue un amor a primera vista, pero a pesar que a veces lo engañó con otros metales,  siempre volvió a su primer y gran amor. Con él hizo su primera escultura en 1957 y la última, el día que murió el 19 de agosto del 2010.


Como escultor rebelde quiso dominarlo, pero el fierro no lo permitió, ya que él  tiene sus leyes y hay que respetarlas. El artista cedió y aceptó que el metal fuera su maestro y amigo, él guió su mano y corazón, le enseñó  a bailar con esa música maravillosa del martillo, la soldadora y la pulidora. No es casualidad que muchas de sus esculturas se llaman “notas musicales”.


El fierro o hierro o acero fue muy generoso con el artista, le enseñó a hacer animales, a desahogar sus penas por la injusticia o contarnos sus fantasías eróticas, pero sobre todo a desarrollar el don de la monumentalidad en sus obras abstractas.


Sergio Castillo donde esté  debe estar diciendo, “gracias a la escultura que me dio tanto.”


Silvia Westermann


Para entender su trabajo…


“He usado todos los metales,  hierro, bronce, cobre, acero inoxidable, plata y oro;  siempre los he trabajado directamente  forjado y soldado. También he hecho algunos bronces fundidos por partes, que los termino con soldadura. Mi obra es espontánea, nunca hago dibujo preliminar;  cuando son grandes proyectos, realizo pequeñas esculturas en el mismo material, que me sirven de estudio para la definitiva. Creo que  mi escultura es muy difícil encasillarla en algún estilo, ella refleja mi vida que ha sido bastante variada.”


Sergio Castillo, 2009

 

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